Entre el huaso y Portales

. domingo, 11 de enero de 2009
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Publicado originalmente (con algunas letras editadas) en indie.cl, diciembre 2008

Hace ya más de un siglo y medio, Diego Portales escribió en su carta a Joaquín Tocornal como “El orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche y porque no tenemos hombres sutiles, hábiles y cosquillosos: la tendencia casi general de la masa al reposo es la garantía de la tranquilidad pública”, en resumidas cuentas, Portales decía que los chilenos le temen al cambio y prefieren la certidumbre del presente, por malo que este fuera. A diferencia de sus contemporáneos, Portales si era cosquilloso y quería un cambio.

En el Chile de ahora, no falta día del año en que en las noticias salga alguien reclamando en cámara que necesita que el Estado se haga cargo de esta u otra cosa, o también diciendo cómo el Estado le arruinó la vida. Y no es un comentario clasista este, porque aunque muchas veces es gente de bajos recursos que vive en la miseria y le pide al Estado algo de ayuda; no falta el empresario que reclama que hay mucha regulación, ya que hay muchas goteras que arreglar.

Aunque se ha hecho un lifting del Estado y ahora se presenta como un árbitro lejano, creo que todavía existe la visión de los chilenos en el Estado como un aliado, como un amigo platudo o fortachón que nos defiende de vez en cuando, aunque algunas veces también nos termine perjudicando. Aunque no quería hablar mucho del tema, me parece pertinente también notar el fenómeno Farkas: El señor Leonardo Farkas, además de ser “hombre orquesta”, también sabe moverse muy bien con el pueblo. Su historia es increíble, hay que reconocerlo, y es un modelo del Self-made man, pero de ahí a estar calificado para presidir un estado, creo que es demasiado decir.

Existen dos tipos de partidarios de Farkas (llamémoslos farkistas para ahorrar tinta): 1) el que piensa que por que el hombre pudo juntar tanta plata y sacar del fracaso la mina de su padre, podría también gobernar un país y hacerlo ganar mucha plata; y 2) el que piensa que Farkas es una persona diferente que traería el cambio a la política, porque es un “gallo choro”.

Diego Portales, the real momio

El primero es un triste fenómeno, que piensa que simplemente porque alguien conoce las reglas del mercado puede hacerlo bien en todo. Seguramente piensa que si le dan un libro de medicina, el candidato perfectamente podría hacerle una cirugía mayor. En el caso que Farkas no fuese candidato, no se urge, ya que queda Piñera. El segundo es un deschavetado. Claro que sería un cambio en la política, pero también lo sería Willy Sabor o el Gato Juanito.

¿En qué se relaciona todo esto con el peso de la noche? Bien, creo que los chilenos somos medios huasos todavía. Nos asombramos con LCDs de 42 pulgadas, rociadores de agua en el metro y lo conveniente que es internet. Nos hace temer al cambio cuando no viene acompañado de guirnaldas y bombos. Ese huaso interior es el que nos hace acercarnos como polillas al fuego a las figuras de “hombre fuerte”, lo que hace que todos los políticos (nada de tontos) se presenten verdaderamente como semidioses. Pasa que por eso cuando llega alguno como Bachelet se le critica que no tiene liderazgo fuerte. Lo que no tiene es el dedo de Lagos o la boina de Pinochet. Vemos en aquellas figuras a un Don Corleone que llega y con un chasquido de dedos hace que los problemas que tenemos se nos solucionen. El huaso nos hace temer al cambio, ya que siempre pensamos que podemos empeorar nuestra situación, por lo que necesita al hombre fuerte para que lo guíe y le asegure que los cambios que se están haciendo son por su bien (y si aún así no entiende, algún coscorrón también se justifica).

El problema es que el presidente Corleone nos malcría mucho, porque resulta ser alguien que simplifica mucho las cosas, y las hace más rápidas. Nos hace pensar que el cambio se hace sólo cuando alguien (que obviamente no es uno) lo decide, por lo que hay que sentarse a esperar.

Se debe ya jubilar al huaso para dejar de pensar en los viejos tiempos y en cómo todo era mejor antes, pero esto no lo debe hacer obligado, ya que si es así, lo único que se logrará será un resentimiento escondido que esperará el momento oportuno para surgir. Se debe reconocer el presente como una fase de la historia, que nos llevará a otro momento. Lamentablemente no sabemos si será mejor o peor, pero hay que seguir avanzando. No hay nada más nocivo para el desarrollo de una sociedad que las tradiciones intocables, y justamente fueron esas las que Portales ocupó para realizar sus cambios. Se alió con las instituciones que representaban la tradición (la iglesia y la frondosa aristocracia criolla) y les aseguró un puesto en su gobierno, para arrasar a todos los que se encontraban por debajo de los afortunados.

Pero creo que esto no tiene que ser necesariamente así. Aunque los cambios se pueden gestar de la manera autoritaria, creo que la solución radica en pensar en nuestro país no como una figura tremenda, como un dios que simplemente dispone y cuyas decisiones son demasiado complejas para nosotros; sino en un órgano en el cual nosotros también figuramos, que nos entrega derechos pero también responsabilidades, y que de una manera u otra, lo que el Estado hace es también nuestra labor.

Tenemos que acostumbrarnos a la idea que la juventud ya se nos fue, que hay que tomar las responsabilidades de los cambios que queremos que se hagan y que quedarse quejándose desde afuera no resolverá nada.

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